El concepto de competencia es uno de los equívocos que existe a la hora de tratar de enfocar los problemas propios de la actividad empresarial. Miramos que es el vecino, que está haciendo lo mismo que nosotros, el causante de nuestros problemas.
No nos damos cuenta que el mayor problema somos nosotros mismos, nuestras debilidades, las que nos impiden lograr lo que queremos. Y no es sólo en el terreno empresarial. En el campo personal, cuando surge un problema, generalmente creemos que son los otros los que están equivocados ya que nosotros siempre tenemos la razón.
Si miramos las cosas desde otra perspectiva y nos descubrimos como los responsables directos de lo que pasa, en mayor o menor grado, podemos hacer más fácil encontrar soluciones.
Para que una empresa sea competitiva debe desarrollar sus competencias. Debe saber cuáles son su fortalezas para que se pueda concentrar en desarrollarlas. Sabiendo qué es lo que tiene le queda más fácil entender lo que le falta, y así puede llegar a minimizar sus debilidades. Pretender fortalecer sus debilidades es un error de cálculo que con el tiempo juega en contra.
Por eso, la mayor competencia que hay que desarrollar es hacia adentro. La pelea es contra nuestras limitaciones en lo que se supone que debemos hacer bien. Una vez que llegamos a ser competentes – hacer bien lo que hacemos -, tenemos el espacio libre para dar el siguiente paso, y luego el otro.
Por los demás no tenemos de qué preocuparnos, ellos tienen sus propios problemas por resolver, que si no lo hacen, los que nos vamos a beneficiar somos nosotros, claro, si cumplimos con nuestros deberes.
Igual, si no cumplimos con nuestras obligaciones estamos beneficiando a los que sí lo hacen.