Que General Motor (GM) haya necesitado 12 años para dar una buena noticia de verdad que es muy “ilustrante” de lo que pasa. No le bastaron 80 mil millones para sobrevivir después del 2004, necesito cuidados intensivos de los políticos – el estado – por 49 mil millones adicionales en el 2008.
Es más, ni siquiera eso fue suficiente, las “grandes” noticias se deben a que mercados como China y Brasil han hecho posible su “recuperación”.
Si eso le pasa a una empresa de cientos de miles de millones de dólares, que cuenta con todas las garantías imaginables y el respaldo absoluto de los políticos de su país – el más poderoso del mundo – ¿se imagina el resto de pobres mortales?
El cambio de paradigma en la empresa en el siglo 21 no es cuestión de moda, no se trata de un problema conceptual, no tiene que ver con el dinero y ni siquiera es un problema de mercado, o de estrategias; ellos pueden desarrollar las que quieran.
El problema de fondo es una “cultura” empresarial obsoleta, que se quedó en el modelo industrial del siglo XVIII, que es el que predomina en la mayoría de las empresas existentes. Frente a esa cultura no hay dinero que baste, no importa que tan poderoso sea el sistema que lo respalde, no importa su pasado ni su tecnología que puede ser mejor que la de su competencia.
Mientras sus principios y valores no cambien, sobrevivirán, si acaso. A su vez, mientras sigan así, mejor para Toyota, Ford, Honda… El enemigo en verdad no lo tienen afuera, son ellos mismos y mientras sigan en lo mismo ¿cómo cree usted que pueden cambiar?
Y esa “cultura” primitiva ¿será que sólo afecta a GM? No, esa cultura rige para la mayoría de personas; el pequeño supermercado, la cafetería y el taller de la esquina. Es una forma de pensar, de ver el mundo, de ver las personas y de verse uno mismo.
Los grandes milagros del Siglo 21 han surgido porque han visto las cosas de otra manera. Con una “cultura” más acorde con el mundo moderno, hacer empresa se hace mucho más fácil, porque hay más competitividad, no porque haya competencia sino porque cada quien se hace más competente, es decir, menos incompetente.










